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El juego en terapia sistémica


El modelo sistémico es el marco conceptual más extendido en la terapia familiar y ha llegado a ser en los últimos años uno de los modelos de más popularidad en el campo del Bienestar Social, las Organizaciones y Redes Sociales, la Salud y los problemas escolares. Esto es debido a que pocas cosas ocurren con independencia de la familia, en sus múltiples y renovadas formas, entendida esta como el principal grupo socio-afectivo primario. Y es que el modelo sistémico se distingue claramente de los demás modelos de intervención en que su unidad de análisis es el sistema que envuelve a cada persona.


De esta manera, la mirada del terapeuta se dirige al sistema familiar como un todo, como un organismo que se comunica con unas pautas determinadas, y en las que la persona es uno de sus componentes cuyo valor depende de la función y posición en el sistema. Los síntomas o problemas que una persona puede tener, son vistos desde el modelo sistémico como el resultado de la relación establecida dentro de la familia y, por tanto, una característica del sistema y no únicamente de la persona que lo sufre. De esta manera, las intervenciones desde este modelo, dirigen su mirada hacia la familia y las interacciones que se producen en ella.


No obstante, también puede realizarse una intervención terapéutica en individual con cualquier persona que quiera consultar por el motivo que sea, y más especialmente cuando la consulta vaya encaminada a favorecer su independencia e individualidad dentro del sistema familiar.


En los 90 del pasado siglo, la Psicoterapia dio un giro con el Constructivismo y el impulso de las intervenciones narrativas en la sistémica. Las obras de Sluzki y White se convierten en textos de referencia a nivel mundial y la incorporación del Constructivismo de la mano de Watzlawick, tuvo increíbles avances en la concepción de la terapia, ya que implica que el conocimiento del mundo es una construcción compartida, consensuada y construida. Al mismo tiempo, la terapia sistémica también comenzó a plantearse cómo incluir a los niños y niñas en las sesiones de terapia familiar para que se produjeran los cambios deseados, y con ello, cobró importancia la introducción del juego dentro de las sesiones.


En esta línea, Bundy (1997), nos habla de la importancia del juego dentro de la terapia y nombra tres razones que hacen que el juego sea importante y que pueden ayudar al crecimiento y transformación. Estas son: la motivación intrínseca, el control interno y la libertad para salir de la realidad.


Más concretamente, la motivación hace que el juego sea una forma divertida de abordar las problemáticas y al ser intrínseca esto hace que venga de uno/a mismo/a, lo que favorece que una conducta se lleve a cabo. El control interno hace referencia a la capacidad de las personas de hacerse cargo de sus acciones, y jugando deciden a qué jugar y cómo hacerlo, lo que les ayuda también a solucionar problemas. Y la libertad para salir de la realidad o para ampliarla hace que se puedan utilizar las posibilidades de actuar los miedos o las dificultades dentro de la terapia en un espacio de seguridad como si estuviéramos en la vida cotidiana, para luego aplicarlo en su realidad.


Así, se emplea la creatividad para la elaboración y resolución de los conflictos y poder actuar “otro posible” como dice Winnicott, que les ayude a integrarse mejor en su entorno. Para ello se pueden emplear herramientas como el dibujo, el juego, los títeres o la prescripción de tareas que busquen proporcionar al sistema familiar vivencias nuevas y más saludables. El juego también facilita que se le dé la palabra a niñas y a niños ya que este es su código natural y así evitar que el adulto no caiga en la opción de interrumpirlos o de tomar su turno y hablar por ellos.


El juego también es la vía a través de la cual las personas exploran y conocen el entorno e intercambian información con objetos y seres vivos, con la finalidad tanto de conocer el mundo y conocerse a sí mismos/as como de aprender a aprender y por tanto de lograr integrar esquemas para funcionar en su entorno más inmediato.



Esto implica necesariamente la acción, la interrelación y la improvisación desde la espontaneidad, la curiosidad y la aceptación del riesgo, dentro de un proceso espiral continuo de desestructuración/reestructuración.


Con todos los beneficios que sabemos tiene la creación, el simbolismo y el juego dentro de este espacio potencial terapéutico, veo fundamental favorecer más a menudo intervenciones que conjuguen el Arte, la Creatividad y la Psicología en Salud Mental.


Referencias:


- Bermúdez, C., Brik, E. (2010). “Terapia familiar sistémica. Aspectos teóricos y aplicación práctica”. Editorial síntesis.

- Castillo-García, MT, Castillejos-Zentenob, L, Macias-Esparza, LK. (2017) “El reto de incluir a niños y niñas en las sesiones de Terapia Familiar”. Redes 35.

- Lengua Sánchez, JC. (2001) “El juego en la Terapia familiar sistémica con niños” Revista de Psiquiatría y Salud Mental Hermilio Valdizán. Vol 2.

- White, M., Epson, D. (1993)“Medios narrativos para fines terapéuticos” Paidós.

- Winnicott, DW (2018). Juego y realidad. Editorial Gedisa.

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2019 Autoría: Laura Esteban García. 

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